Por Anton Chaitkin
Yorktown, la última batalla de la Revolución Estadounidense, se ganó gracias a las fuerzas aliadas de Estados Unidos y Francia. A pesar de la carencia de una base de suministro industrial, y estar políticamente desorganizada, la nueva república estadounidense había sobrevivido mediante una paciente y determinada lucha. Para desarrollar el poder nacional de su nuevo y débil país, los líderes estadounidenses se educarían en lo que el primer secretario de Hacienda llamó: “los esfuerzos infatigables” del estadista francés del siglo diecisiete: Jean-Baptiste Colbert.
Al finalizar la guerra, los estadounidenses no habían formado aún el gobierno central necesario. El Coronel Alexander Hamilton había sido la ayuda principal del General Washington, al coordinar la inteligencia militar para la alianza. El 8 de abril de 1782,Hamilton escribió un artículo para el New York Packet, el nº5 de su serie: “El Continentalista”, explicando la necesidad de un gobierno sólido.
“Puede decirse que el comercio, en Inglaterra, se originó bajo los auspicios de la reina Isabel. Y su rápido progreso se atribuye, en gran medida, a que el gobierno, en ese reino exitoso, se encargó de fomentarlo”.
“A causa de un espíritu diferente de gobierno, con ventajas superiores, Francia fue mucho más tardía en las mejores comerciales; ni su comercio, a día de hoy, no habría sido tan próspero, sino hubiera sido por las capacidades y los esfuerzos infatigables del gran Colbert. Él puso los cimientos del comercio francés, y enseñó a sus sucesores la manera de hacerlo crecer y de mejorarlo. El establecimiento de manufacturas laneras, en un reino, donde la naturaleza parecía haberle negado los medios, es una entre las muchas pruebas, sobre lo mucho que puede afectar la atención y apoyo, de una administración sabia, en favor del comercio. El número de edictos útiles aprobados por Luis XIV, y desde entonces, a pesar de las frecuentes interrupciones de la celosa hostilidad de Gran Bretaña, dicho comercio de Francia ha progresado a tal grado, que ha despertado la envidia y asombro de sus vecinos”.
“Estas son: la agricultura, el comercio (producción y distribución de bienes), soldados y marineros”.
“Su Majestad debería trabajar, al mismo tiempo, en reducir, sutilmente, el número de monjes y monjas (…) Las dos profesiones que consumen cien mil de vuestros súbditos, inútilmente y si contribuir a vuestra gloria, son los financieros y los abogados”.
“(…) La administración de la Justicia (…) impone un yugo pesado y tiránico, usando vuestro nombre, sobre el resto del pueblo”.
“A causa de un espíritu diferente de gobierno, con ventajas superiores, Francia fue mucho más tardía en las mejores comerciales; ni su comercio, a día de hoy, no habría sido tan próspero, sino hubiera sido por las capacidades y los esfuerzos infatigables del gran Colbert. Él puso los cimientos del comercio francés, y enseñó a sus sucesores la manera de hacerlo crecer y de mejorarlo. El establecimiento de manufacturas laneras, en un reino, donde la naturaleza parecía haberle negado los medios, es una entre las muchas pruebas, sobre lo mucho que puede afectar la atención y apoyo, de una administración sabia, en favor del comercio. El número de edictos útiles aprobados por Luis XIV, y desde entonces, a pesar de las frecuentes interrupciones de la celosa hostilidad de Gran Bretaña, dicho comercio de Francia ha progresado a tal grado, que ha despertado la envidia y asombro de sus vecinos”.
“Estas son: la agricultura, el comercio (producción y distribución de bienes), soldados y marineros”.
“Su Majestad debería trabajar, al mismo tiempo, en reducir, sutilmente, el número de monjes y monjas (…) Las dos profesiones que consumen cien mil de vuestros súbditos, inútilmente y si contribuir a vuestra gloria, son los financieros y los abogados”.
“(…) La administración de la Justicia (…) impone un yugo pesado y tiránico, usando vuestro nombre, sobre el resto del pueblo”.
El golpe de Estado de Colbert
Fue en 1661, cuando Jean-Baptiste Colbert comenzó la organización de un gobierno legítimo en Francia. Colbert (nacido en 1619), había sido el coordinador de la inteligencia secreta del cardenal Mazarino, el primer ministro de la Familia Real francesa. Colbert fue un estudioso de las estrategias del cardenal Richelieu, el primer ministro anterior, quien había construido un ejército de 100.000 hombres, mientras batallaba contra la nobleza feudal, quien no reconocía la existencia de una verdadera nación francesa, ni la de una ley por encima de su poder. El “Gran diseño” de Richelieu había concebido un mundo de grandes naciones, fortalecidas al elevar la cultura y la educación.
Cuando el primer ministro Mazarino, murió en 1661, Luis XIV tenía entonces, tan sólo, 23 años, y Colbert ya le había servido como consejero confidencial, así como a su familia desde la temprana infancia de Luis XIV. Colbert tomó ventaja al crear, por completo, un nuevo régimen.
Inmediatamente, abrió una investigación contra el superintendente de Hacienda, Nicolas Foquet, quien, durante mucho tiempo, había servido como intermediario para las extorsiones de los banqueros regionales e internacionales contra el Rey. Es posible que prestaran dinero al rey, de acuerdo a sus condiciones impredecibles, pero se le trató como a un individuo y se le sujetó a fraude; no había soberanía francesa.
Colbert demostró la corrupción y traición de Foquet y de varios de los banqueros con quienes había trabajado. La facción de Foquet, en realidad, habían planeado una toma de poder violenta a manos de los aristócratas. Foquet fue puesto en prisión y se declaró una moratoria de deuda, liberando al joven rey de tres o cuatro años de estrangulamiento.
El programa para una gran nación
Colbert llevó a cabo, por todos los medios, una guerra contra la nobleza corruptafrancesa. Creó un código legal a nivel nacional, estableció cortes donde los nobles que: asesinasen, oprimiesen y robasen a los campesinos, fueran llevados a juicio. Dirigió una serie de investigaciones sobre la legitimidad de los títulos nobiliarios. Miles de ellos se consideraron fraudulentos, y los perdedores se unieron al rango de los contribuyentes.Muchos de ellos tuvieron que ponerse a trabajar, más que recaudar, simplemente, un sinnúmero de impuestos de la gente de su región. Ahora, únicamente el gobierno tendría la autoridad de recaudar impuestos, y sus finanzas se condujeron de una manera ordenada y lícita.
Lejos de construir un vasto estado burocrático, Colbert apuntó a las masas de holgazanes y parásitos, cuya absorción gradual a la fuerza de trabajo, solucionaría los problemas económicos de Francia. En un memorándum al rey, del 22 de octubre de 1664, Colbert explicó que la gloria del rey se establecería al “tomar acción en proporción al gran diseño (…) Es necesario reducir las profesiones de vuestros súbditos, en lo posible, a aquellas que puedan ser útiles a este gran diseño”.
“Estas son: la agricultura, el comercio (producción y distribución de bienes), soldados y marineros”. “Su Majestad debería trabajar, al mismo tiempo, en reducir, sutilmente, el número de monjes y monjas (…) Las dos profesiones que consumen cien mil de vuestros súbditos, inútilmente y si contribuir a vuestra gloria, son los financieros y los abogados”.
“(…) La administración de la Justicia (…) impone un yugo pesado y tiránico, usando vuestro nombre, sobre el resto del pueblo”.
Su “Memorándum para la reforma de la Justicia” del 15 de mayo de 1665, reafirma esta apelación.
Francia no tenía una capacidad manufacturera significativa. Los comerciantes holandeses, financiados por la nobleza veneciana, llevaban, en sus barcos, la mayor parte del comercio mundial. El cartel comercial holandés compraba grandes cantidades de mercancías, las acumulaban en sus almacenes, y entonces, las ponía a discreción en el mercado francés, así como en otros. La industria francesa estaba siempre debilitada.
Colbert impuso aranceles sobre bienes importados, pero levantó los peajes e impuestos que la aristocracia local cobraba sobre los caminos y los ríos navegables dentro Francia, que habían convertido a los franceses en extranjeros, dentro del mismo país. Se construyó un canal que conectaba el océano Atlántico con el mar Mediterráneo, como propuso Leonardo Da Vinci, anteriormente, en 1516. En la supervisión de la construcción y mejora de caminos y canales, Colbert pidió a sus constructores que hicieran tan bien su trabajo, que pudieran “durar eternamente”.
Con el ingeniero jefe, Sebastien Vauben, al mando, se construyeron fortalezas bajo los últimos modelos, defendiendo y protegiendo la frontera francesa. Para los suministros de los fuertes, se llevaron a cabo la construcción de nuevos caminos y canales.
El gobierno puso en marcha fábricas, y animó a los empresarios privados a tomar el control de ellas, o construir las suyas propias. Se concedieron subsidios reales a la empresa privada; se alentó el crédito de los prestamistas para fomentar su circulación en nuevas empresas productivas, dado que, de otro modo, se usaría para especular con los títulos del gobierno. Se trajeron, de toda Europa, a profesores y maestros, católicos y protestantes, para instruir el desarrollo de Francia, y ayudar a gestionar sus nuevas fábricas.
Colbert fue mucho más celoso con la reputación de su país para la exportación. Se establecieron y reforzaron estándares de producción. En caso de un primer delito, un manufacturero al que se le sorprendiera cometiendo fraude, o que la producción de bienes fuese de mala calidad, se le pondría en ridículo; se podría poner un ejemplar de su paño “en un muñeco colgado” en la plaza pública. La reincidencia se trataría con mayor severidad.
Un futuro para la mente del hombre
Los escritores de Historia han calificado erróneamente la política de Colbert sobre la promoción de la industria nacional, y el fomento de las exportaciones, al llamarla “mercantilismo”, entre los autores más notoriamente fraudulentos, se encuentra Adam Smith. A diferencia de la invención de Smith de la palabra “mercantilista”, Colbert no solo buscó apilar oro y plata en Francia, sino desarrollar una cultura tecnológica y comercial nacional en el país, que sacaría a Francia del lodazal de la ignorancia localista.
La administración de Colbert patrocinó la construcción de una flota mercante, para traer bienes desde el extranjero, y servir a las colonias establecidas en el Canadá y en otras partes. Para proteger este comercio se aumentó el número de barcos de guerra, desde menos de 20, a 250. Su política para el Canadá, aunque al final se frustró, era similar a la colonialista inglesa en América, y que contrastaba con el “imperialismo”. Buscó poblar el Canadá por medio de asentamientos, se concentraría a la población, primero en el Este, con nuevas ciudades y granjas modernas, y contrayendo matrimonio con los indios americanos. Reclutó y mandó a mujeres para casarse con los soldados franceses que ya estaban allí, con la esperanza de estimular un rápido crecimiento de la población. Sobre todo, se opuso a la oligarquía mercante en el comercio de pieles, que deliberadamente mantenían a los asentamientos alejados, o los extendían vagamente, en los páramos salvajes, intoxicando y saqueando a los indios.
Una política de ciencia
En 1666, Colbert creó una Academia francesa para las ciencias. Trajo consigo al astrónomo holandés, Christiaan Huygens, para nombrarlo presidente de la Academia.Los científicos que estudiaron y trabajaron bajo el patrocinio de Colbert, formaron el núcleo del liderazgo en el desarrollo de las matemáticas, la física y la química para los siguientes tres siglos.
Denis Papin, protegido de Colbert, estudió, al igual que el joven alemán, G.W. Leibniz,bajo la tutela de Huygens. Papin y Leibniz colaboraron para construir el primer barco de vapor viable; desafortunadamente, Papin y su modelo de embarcación terminó en manos de los británicos, y se las arreglaron para detener, durante un siglo más, el poder del vapor. Huygens, el fundador de la teoría de ondas de luz, enseñó matemáticas a Leibniz, y en 1675, Leibniz preparó el terreno para la invención del cálculo, la base de toda matemática moderna.
En 1675, Leibniz mostró su nueva calculadora a la Academia francesa; podía multiplicar, dividir y tomar raíces cuadradas y cúbicas. Recibió tres pedidos por la máquina: uno por parte del Rey, otro por parte del Observatorio Real, y otro por parte del Ministro de Finanzas, Colbert.
El trabajo pionero de Leibniz sobre la ciencia de la termodinámica (el estudio sobre el potencial de la fuerza violenta que domina y emplea el hombre) se actualizó y progresó, un siglo después, gracias a Lazare y Sadi Carnot en la Ecole Polytechnique, quienes más tarde enseñarían ingeniería en el ejército de Estados Unidos.
Colbert murió en 1683. Rápidamente, se abortaron los programas de desarrollo económico, científico y cultural. Pero en dos décadas convirtió a Francia en una gran potencia, y había demostrado al mundo cómo una nación crea su propio destino.
En 1661, expulsaban de la Universidad de Oxford a un joven inglés, llamado William Penn, al sorprenderle participando en un grupo republicano y clandestino de estudio. El padre de Penn, un almirante, le envió a Francia para estudiar. Allí, el joven Penn pasó dos años, observando y, quizás, participando en la lucha de vida o muerte de Colbert contra la aristocracia. En 1683, el año en que murió Colbert, Penn fundó la ciudad de Filadelfia.
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